Conócenos
La historia del Valle de Salazar y del Almiradío de Navascués, de cada una de nuestras parroquias, iglesias y ermitas, y un mapa para situarlas todas.
Historia del Valle
Entre las últimas estribaciones del Pirineo navarro, donde el río Salazar nace en Ochagavía de la unión de los ríos Anduña y Zatoya, se extiende una de las comarcas con más personalidad propia de toda Navarra: el Valle de Salazar (Zaraitzu en euskera) y, a sus puertas meridionales, el Almiradío de Navascués. Diecisiete pueblos que, durante casi mil años, han sabido gobernarse juntos, repartir sus montes en común, defender sus rebaños codo a codo y levantarse una y otra vez tras cada adversidad.
¿Por qué "Salazar"?
El nombre "Salazar" es relativamente joven: no aparece en la documentación navarra hasta comienzos del siglo XVI. El nombre verdaderamente antiguo, y todavía vivo en la memoria oral, es Zaraitzu, transmitido en euskera durante siglos hasta nuestros días.
Una tierra ganada al monte y al río
La vida en el valle se ha sostenido siempre sobre pilares con algo de heroico. Cada otoño, generación tras generación, los pastores emprendían a pie el largo camino de la trashumancia hacia las Bardenas Reales —y en ocasiones hasta las landas de Burdeos— para que sus rebaños de raza churra invernaran en tierras templadas, regresando en primavera a los pastos de altura de Abodi, Ori e Idarroki. Desde 1951, con la creación de la cooperativa OPPOSA, la patata de siembra se convirtió en seña de identidad agrícola del valle, hasta el punto de que Jaurrieta ganó el cariñoso sobrenombre de "el pueblo de las patatas".
Durante siglos, la riqueza forestal de estos montes —pino, haya, roble— sirvió para construir los barcos de la Real Armada, la Ciudadela de Pamplona o el Canal Imperial de Aragón. Cada invierno, hombres del valle armaban con troncos y "vergas" de avellano unas balsas llamadas almadías, y descendían con ellas el curso del Salazar, del Irati y del Ebro hasta Tudela y más allá: un oficio de gran riesgo y escaso beneficio, pero también un legítimo motivo de orgullo. Mientras tanto, entre 1850 y 1930, muchachas del valle cruzaban a pie la frontera con Francia cada otoño para trabajar en la industria de la alpargata: las "mujeres golondrina", que regresaban con sus ganancias en primavera y hoy dan nombre al Sendero de las Golondrinas.
Muchachas del valle cruzaban a pie la frontera con Francia cada otoño... las "mujeres golondrina", que regresaban con sus ganancias en primavera.
Casi mil años gobernándose juntos
Pocas comarcas navarras conservan una institución tan antigua y viva como la Junta General del Valle de Salazar, cuyos orígenes se remontan al siglo VIII. En el siglo XIV nacieron los tres quiñones que todavía hoy la estructuran: Aldegaña, Errartea y Atabea. En 1469, la princesa Leonor de Navarra concedió a todos los vecinos del valle el privilegio colectivo de hidalguía universal, liberándolos de sus antiguas pechas. Hoy, la Junta —dieciocho diputados, seis por cada quiñón— sigue administrando más de 13.700 hectáreas de montes y campos comunales: casi mil trescientos años de autogobierno compartido.
Casi mil trescientos años de autogobierno compartido.
Al sur, el Almiradío de Navascués siguió un camino paralelo. En 1185, el rey Sancho VI el Sabio reunió a los habitantes dispersos en torno a la antigua ermita de Santa María del Campo y los trasladó a un cerro defendible, otorgándoles una carta de población que los hacía "francos, libres e ingenuos". En 1417, Carlos III el Noble concedió a sus vecinos el título de hidalgos.
Memoria de fuego y resistencia
El valle también ha conocido la adversidad, y de cada una se ha levantado. En el siglo XIV, la Peste Negra redujo a la mitad la población de Ezcároz. En 1794, las tropas francesas incendiaron Ochagavía, destruyendo 182 casas. El 2 de marzo de 1812, guerrilleros navarros y tropas napoleónicas libraron una violenta batalla en la Foz de Aspurz —tan dura que hirió al propio general francés Caffarelli—, tras la cual Navascués sufrió tres días de saqueo e incendios. Y en 1880, un gran incendio obligó a Jaurrieta a reconstruirse casi por completo. Cada vez que el valle ha caído, ha vuelto a levantarse: sus iglesias, sus puentes románicos y sus palacios blasonados son testigos de esa tenacidad silenciosa.
Cada vez que el valle ha caído, ha vuelto a levantarse... testigos de esa tenacidad silenciosa.
Nombres que trascendieron el valle
De aquí salió Diego de Artieda, natural de Esparza de Salazar, que en 1577 fundó una ciudad en Costa Rica y la llamó Esparza en honor a su pueblo natal: ese nombre sigue hoy en el mapa de Centroamérica. Aquí nació también la leyenda de Gartxot, el bardo de Izalzu, que prefirió perderlo todo antes que ver apagada su lengua, y que hoy tiene su propia romería anual. Xabier Díaz Esarte, nacido en Ezcároz en 1951, dedicó cuarenta años de su vida a recopilar los cuentos y leyendas orales del valle. Y de Ezcároz fueron también Gabriel Urralburu, presidente del Gobierno de Navarra entre 1983 y 1991, y César Cruchaga, histórico capitán del Club Atlético Osasuna.
La leyenda de Gartxot, el bardo de Izalzu, que prefirió perderlo todo antes que ver apagada su lengua.
Esta es la tierra que hoy seguimos habitando, y a la que esta comunidad parroquial pertenece con gratitud y con memoria.
Historia de cada parroquia y ermita
Diecisiete pueblos, cada uno con su propia parroquia, su ermita y su memoria. Esta es su historia, contada uno a uno.
Pueblos del Valle de Salazar
Ochagavía
La villa que siempre volvió a levantarse
Documentada ya en el siglo XI como Osxagauia, Ochagavía fue siempre el núcleo más poblado del valle y actuó como su capital natural. Sus calles empedradas, sus casas de piedra encaladas y sus palacios medievales de Urrutia, Iriarte y Donamaría dan fe de un pasado próspero, ligado en el siglo XVI a la exportación de lana. Sobre el pueblo vela, desde el siglo XII, el santuario románico de Nuestra Señora de Muskilda, patrona del valle, donde cada septiembre los famosos danzantes de Ochagavía —documentados desde 1695— bailan en su honor junto al enigmático personaje del "Bobo". Es también la puerta de entrada a la Selva de Irati y guarda, en su término, parte del conjunto dolménico de Abodi: un pueblo que ha sabido convertir sus heridas de guerra en motivo de orgullo y memoria compartida.
Izalzu
El pueblo del bardo
El más pequeño y el más legendario. Nacido en torno a un monasterio donado a Leire en 1037, guarda hoy apenas medio centenar de habitantes, pero atesora una de las historias más conmovedoras del Pirineo: la leyenda de Gartxot. Su iglesia gótica de la Asunción, su antiguo puente sobre el Anduña y la ruta que sube hasta la cueva de Elkorreta atraen hoy a quienes buscan algo más que paisaje: buscan memoria.
Ezcároz
La capital del valle
Pese a no ser la villa más poblada, Ezcároz es desde antiguo la capital administrativa, sede de la Junta General. En el siglo XII, nobles de la localidad levantaron un monasterio dedicado a Santa María, y dos siglos después el pueblo sufrió el mayor desastre de su historia: la Peste Negra, que redujo su población a la mitad. Hoy conserva su parroquia de San Román, del siglo XVI, y sigue siendo el corazón institucional del valle.
Jaurrieta
El pueblo que se rehízo dos veces
La villa más noroccidental y apartada del valle, ligada durante siglos a litigios sobre su pertenencia a la comunidad salacenca hasta independizarse en 1846. Sufrió dos grandes incendios —a finales del XVIII y, especialmente devastador, en 1880— que la obligaron a reconstruirse casi por completo. En el siglo XX se ganó el cariñoso apodo de "el pueblo de las patatas" por la calidad de su cultivo. Su parroquia de San Salvador y la ermita de la Virgen Blanca, rodeada de robles centenarios, siguen siendo el corazón espiritual del pueblo.
Oronz
El pueblo del sur, tierra de emigrantes
Oronz pasó a ser ayuntamiento independiente en 1846. A comienzos del siglo XX, América fue el destino de buena parte de sus habitantes, en busca de un futuro que el valle, por sí solo, no siempre podía ofrecer. Su parroquia está dedicada a los santos Cosme y Damián.
Esparza de Salazar
La villa que dio nombre a una ciudad en América
Cuna de Diego de Artieda y Chirino, fundador de la Esparza costarricense. Conserva uno de los rincones más fotogénicos del valle: el puente románico de tres arcos sobre el río Salazar, junto a la iglesia de San Andrés y la ermita gótica de San Tirso. Es, además, uno de los pueblos navarros con mayor registro histórico de nieve.
Ibilcieta
La antigua capital
Durante siglos, hasta bien entrado el XVIII, Ibilcieta ejerció la capitalidad del valle gracias a su posición central: en la vecina ermita de Santa Lucía se reunía la Junta General desde el siglo XI. Hoy, unida administrativamente a Sarriés, conserva esa discreta dignidad de haber sido, durante generaciones, el corazón político de toda la comunidad.
Sarriés
La parroquia más antigua del valle
Su iglesia de San Martín, de hacia el año 1200, está considerada la parroquia más antigua de todo el Valle de Salazar, con un notable crucifijo gótico del siglo XIV en su capilla bautismal.
Igal
El monasterio visitado por un santo
La tradición local recuerda la existencia de un importante monasterio benedictino medieval, que según se cuenta llegó a ser visitado por San Eulogio en el siglo IX. Su iglesia tardorrománica de San Vicente conserva una notable colección de estelas discoidales en su atrio.
Güesa
Guardiana de Nuestra Señora de Arburúa
Villa del antiguo quiñón de Atabea, hoy cabecera administrativa de varios concejos vecinos. Su iglesia gótica de San Esteban y los vestigios de la ermita de San Miguel hablan de un pasado devoto que aún hoy se renueva cada año en la romería compartida a la Virgen de Arburúa.
Izal
El único hórreo del valle
Documentado ya en 1034, Izal guarda un tesoro único en toda la comarca: el único hórreo tradicional que se conserva en el Valle de Salazar, todavía en pie junto a la casa Ballaz, con la calidad de sus ensambles de madera intacta tras siglos de uso. Su iglesia gótica de San Vicente, del siglo XIII, y la basílica de Nuestra Señora de Arburúa, en lo alto de una peña que domina los pueblos vecinos, completan un patrimonio sencillo pero profundamente vivido.
Gallués
Corazón administrativo del sur del valle
Tras la disgregación del valle en 1845, Gallués se convirtió en cabecera municipal de varios concejos vecinos —entre ellos Izal e Iciz—, papel que conserva hasta hoy.
Iciz
De la tierra al taller
Iciz muestra, quizá mejor que ningún otro pueblo del valle, la transformación económica de las últimas décadas: desde 1999 cuenta con un pequeño polígono industrial dedicado al torneado de madera, la carpintería, la cantería y los componentes electrónicos, prueba de que la tradición artesanal salacenca ha sabido reinventarse sin perder su carácter.
Uscarrés
La frontera meridional del euskera
Situada en el extremo sur del valle, Uscarrés tiene un lugar especial en la memoria lingüística de la comarca: fue aquí donde, ya en 1866, el príncipe Louis-Lucien Bonaparte constató la pérdida del euskera salacenco, el primer síntoma de un retroceso que se extendería, ya en el siglo XX, al resto del valle. Celebra cada año la entrañable "Romería de las 7 Cruces".
Justo donde el Valle de Salazar entrega sus aguas al Irati, tres pueblos hermanos custodian la memoria del último Almiradío que sobrevive en Navarra.
Navascués
La villa capital
Fundada oficialmente en 1185 por orden del rey Sancho VI el Sabio, que trasladó a sus habitantes desde el antiguo núcleo de Santa María del Campo hasta el cerro defendible donde hoy se levanta, junto a la iglesia gótica de San Cristóbal. Carlos III el Noble concedió a todos sus vecinos el título de hidalgos en 1417. Fue durante siglos sede del alcalde ordinario y del almirante, delegado real que administraba en nombre de la Corona todo el territorio del Almiradío. Su historia más dramática se escribió en marzo de 1812, cuando las tropas francesas ocuparon la villa tras la batalla de la Foz de Aspurz, sometiéndola a tres días de saqueo e incendios.
Aspurz
La foz que vio la sangre
Pueblo asomado a un cordal con vistas sobre todo el Almiradío, Aspurz es inseparable de un episodio de extraordinario coraje: la batalla librada en su foz el 2 de marzo de 1812 entre las tropas napoleónicas y los guerrilleros navarros, tan violenta que hirió al propio general francés Caffarelli. Hoy sus calles tranquilas y su patrimonio, ligado al antiguo despoblado de Armentero, esconden esa memoria de resistencia bajo una serenidad que solo da el tiempo.
Ustés
El pueblo más coqueto del Almiradío
De sus tres villas, Ustés es, según cuentan quienes lo visitan, la más cuidada: calles empedradas, casas de piedra bien conservadas y el palacio-fortificación conocido como señorío de Burdaspal. Su iglesia parroquial está dedicada a San Saturnino. Fue, además, el primer lugar del valle donde el príncipe Bonaparte constató en 1866 el declive del euskera local, un dato que revela lo temprano que llegó aquí el cambio de lengua respecto al resto de la comarca.
Referencias
Fuentes consultadas para la investigación histórica reflejada en esta página.
- valledesalazar.com — Junta General del Valle de Salazar (historia, pueblos, recursos económicos, cultura y tradiciones)
- es.wikipedia.org — «Valle de Salazar», «Izalzu», «Izal», «Esparza de Salazar», «Almiradío»
- enciclopedianavarra.com (Gran Enciclopedia de Navarra) — voces «Salazar, Valle», «Esparza de Salazar», «Navascués», «Almiradío», «Izal»
- turismodenavarra.com — artículos sobre Ezcároz, Ochagavía, Izalzu, Esparza
- irati.org (Proyecto SASC Irati) — Valle de Salazar
- noticiasdegipuzkoa.eus — reportajes sobre el Almiradío de Navascués y el nacimiento del Salazar
- sitioshistoricos.com — «Navascués, el último de los almiradíos de Navarra»
- ecured.cu — Navascués
- hola.com — «El valle de Salazar: una ruta por el Pirineo más virgen»
- periplospain.wordpress.com — «Salazar, un valle lleno de leyendas»
- montanaycorazon.com, noticiasdenavarra.com — leyenda de Gartxot
- gymkanaturistica.com, navarchivo.com — Jaurrieta e Izal
- academica-e.unavarra.es — «Cambios en la ruralidad del valle Salazar»
- guiarepsol.com, casamanchito.com, culturanavarra.es — hórreo de Izal
- despobladosnavarra.blogspot.com — hórreos de la comarca
Mapa del Valle
Iglesias, ermitas y sedes administrativas del valle, cada una con su propio icono.
Valle de Salazar
Para más información puedes visitar la página web del Valle de Salazar.
Almiradío de Navascués
Para más información puedes visitar la página web del Almiradío de Navascués.